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Son unos quinientos los cultivares de olivos aún presentes y utilizados en Italia. El virgen extra italiano es considerado de altísima calidad. Y son muchas las empresas agrícolas que aún cultivan plantas seculares. Testigos de la extraordinaria biodiversidad rural del país.

De las veinte regiones italianas, dieciocho producen aceite de oliva virgen extra. La calidad de esta producción, gran parte de la cual cuenta con las marcas Dop o Igp, es considerada la mejor del mundo por dos factores: la multiformidad de los territorios y del relieve que confiere peculiares matices a los virgen extra, y la excepcional biodiversidad del patrimonio olivícola. Son más de 200 los cultivares que aún se utilizan en Italia, hecho que permite una producción nacional uniforme. Además, la nueva cultura de la combinación con la gastronomía conlleva a elegir el mejor aceite para potenciar un determinado plato. Todas las zonas de tradición olivícola cuentan con olivos seculares, con árboles de miles de años de edad que de hecho son acebuches, es decir, olivos rústicos o incluso silvestres. Recientemente se ha solicitado a la Unesco declarar algunos paisajes de olivar italianos patrimonio mundial de la humanidad, precisamente por la presencia de estos “patriarcas”. Los productores italianos, pese al bajo rendimiento de estos gigantes vegetales, nunca han renunciado a su cultivo y a la cosecha de sus frutos, de los cuales se extraen aceites excelentes. Los Patriarcas están muy extendidos en el sur de Italia, y otros muchos se han trasplantado para ser utilizados como plantas ornamentales. Hoy, gracias a la nueva concienciación de los productores, estos olivos son el símbolo de la calidad empresarial.