I cookie ci aiutano ad erogare servizi di qualità. Utilizzando i nostri servizi, l'utente accetta le nostre modalità d'uso dei cookie Ulteriori informazioni Ok

En Italia las cervecerías artesanales y la cerveza agrícola interpretan un modo distinto de producir la «cervis» romana. Maltas autóctonas, cultivos de lúpulo e infinitas variantes aromáticas reafirman el vínculo con el territorio.

La cerveza ha entrado en el lenguaje gastronómico italiano gracias a una producción original de esta bebida ya ampliamente conocida y utilizada por los romanos, que habían aprendido a producir la «cervis» de los etruscos. En los últimos años la creatividad y el vínculo territorial han abierto una nueva vía para la cerveza: la calidad artesanal, que ha evolucionado dando lugar a la agrícola. Junto a algunas marcas históricas, se han afirmado pequeñas empresas que experimentan continuamente diversificando el sabor de la cerveza mediante el uso de maltas de cebada, o incluso de trigo y castañas, que la aromatizan con los más variados ingredientes (miel, pimienta, flores, especias e hierbas aromáticas), la afinan en madera -a menudo en barricas que han contenido vino- y la modelan con nuevos estilos de consumo. De la producción artesanal se pasa a la agrícola, que nace directamente de la cebada, el trigo y el farro cultivado autónomamente en las empresas agrícolas y a menudo maltado in situ. Explotando la riqueza de las aguas italianas, las cervecerías artesanales y agrícolas han ampliado los horizontes gustativos de la cerveza, que hoy conoce una degustación basada en el estudio de la perfecta combinación cerveza-comida. Se puede decir que las 1000 cervecerías italianas entre micro, artesanales, agrícolas e industriales han dado lugar a un cuarto estilo de cerveza: después del belga, anglosajón y latinoamericano, se está afirmando el estilo italiano.