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Los valores agrícolas como motor social: este es uno de los objetivos de los trabajadores de los campos italianos. Desde hace décadas hay funcionando en el país numerosas cooperativas que se dedican a la reinserción laboral de ex convictos y personas con discapacidad. Gracias a este movimiento, a lo largo de los años se ha ido fraguando una nueva percepción de la actividad agrícola, que es vista como un baluarte de legalidad. Un buen ejemplo es Libera, una asociación fundada por Don Ciotti, que con Libera Terra ha creado nuevas oportunidades utilizando las tierras confiscadas a las organizaciones criminales, desde la Mafia hasta la ’Ndrangheta, para implantar una empresa agrícola social. Los protagonistas de esta actividad de restauración de la legalidad a través de la producción agrícola son los jóvenes del sur de Italia. Un ejemplo positivamente contagioso, ya que también en el norte Italia se han recuperado para el cultivo áreas degradadas, entre otros motivos, por la contaminación industrial. De este modo se ha generado un sistema económico solidario que tiene en la agricultura su piedra angular. Desde niños con síndrome de Down hasta ex convictos, desde personas con discapacidad intelectual hasta drogodependientes, desde mujeres que han sido víctimas de violencia de género hasta refugiados políticos, la tierra ha recibido a todos con un enorme abrazo, dándoles nuevos proyectos de vida, formación y salidas laborales. Un magnífico ejemplo de todo esto es la cárcel de Gorgona, la única de Europa cuyos detenidos tienen libertad para entrar y salir del edificio y en la que cultivan la tierra de esta maravillosa isla del archipiélago Toscano. Es importante destacar que esta agricultura social y solidaria se rige por los principios de la agricultura ecológica y de desarrollo sostenible, haciendo hincapié en unos valores que recuerdan que una buena tierra proporciona una buena vida. El sistema se ha enriquecido gracias a la adhesión de varias empresas privadas que han decidido contribuir con la sociedad contratando y formando a las personas más desfavorecidas. Todo ello ha puesto en valor la agricultura italiana, tanto como para llegar a ser un ejemplo para toda Europa. Esto se debe también al hecho de que los productos generados por estas empresas sociales, que comprenden desde la ganadería hasta la apicultura, desde cultivos de cereales hasta naranjales, desde establos hasta la elaboración de productos lácteos, a menudo recuperando cultivos olvidados y procesos productivos tradicionales, tienen una altísima calidad y son a menudo vendidos directamente o a través de canales de distribución alternativos que alimentan cadenas completas de producción.