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La agricultura italiana se está desarrollando en tres direcciones: la protección y la puesta en valor de la biodiversidad, los cultivos ecológicos y la multifuncionalidad agraria. Esto significa volver a nuestros orígenes, ya que en los albores de la humanidad, cuando nuestros antepasados cazadores-recolectores comenzaron a dedicarse a la agricultura, las mujeres eran las encargadas de cuidar y mantener los cultivos. Actualmente, sigue habiendo algunas especialidades agroalimentarias en las que solo trabajan las mujeres. Por ejemplo, el cuajo de cerdo para el Pecorino de Farindola solo pueden hacerlo las mujeres, ya que se produce una especie de vínculo ancestral entre la naturaleza y la fertilidad. Las mujeres lideran la multifuncionalidad agraria y el espíritu emprendedor femenino se ha convertido en el principal pilar de la innovación en la agricultura. La recién nombrada presidenta de la Organización Mundial de Agricultores, Evelyn Nguleka, ha reivindicado con orgullo que las mujeres contribuyen a la producción del 60% de los alimentos a nivel mundial y por tanto juegan un papel fundamental en África y Asia. Pero eso no es todo, en Italia las propuestas emprendedoras de las mujeres en el ámbito de la agricultura son a menudo las más avanzadas, las más responsables con el medio ambiente y las más diversificadas. Además, son capaces de comprender el mundo rural en toda su integridad y complejidad. Las mujeres están asumiendo un papel protagonista en la agricultura, no solo como colaboradoras en las explotaciones agrícolas, aunque actualmente hay numerosas mujeres trabajando como capataces, sino como emprendedoras. No solo se limitan a la gestión de las huertas o del agroturismo, sino que además innovan en los procesos de producción. En Italia, cerca de una tercera parte de las explotaciones agrícolas están dirigidas por mujeres, pero teniendo en cuenta que dos tercios de las explotaciones emplean exclusivamente mano de obra familiar, es evidente que las mujeres son mayoría. Aunque las explotaciones dirigidas por mujeres suelen tener una superficie menor, son más multifuncionales y, sobre todo, tienen cadenas productivas más integradas. Un dato sorprendente es que más de la mitad de las explotaciones agrícolas jóvenes están dirigidas por mujeres y que todas ellas apuestan fuertemente por la innovación. De este modo, tenemos haciendas agrícolas que además producen cosméticos, fincas de agroturismo transformadas en centros de bienestar o escuelas de cocina o botánica, explotaciones agrícolas que producen hilo y están vinculadas al mundo de la moda y viveros tradicionales que se convierten en granjas escuela para niños y que realizan una importante labor social. El color del futuro de los campos italianos es, por lo tanto, el rosa.