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Industriales, del diseño a la moda, magnates, artistas y líderes de opinión regresan a las viñas con un nuevo enfoque productivo

No es solo un fenómeno italiano, pero en Italia es muy pronunciado: industriales, artistas, líderes de opinión y hombres de negocios y del mundo del espectáculo y el deporte invierten en el vino para producirlo con nuevas ideas. ¿Una simple búsqueda de negocios complementarios? ¿O hay algo más? Con Erich Fromm, podríamos decir que este regreso a la tierra refleja una compensación entre ser y tener. Pero el medio de esta compensación es siempre el vino. Fruto de la tierra, satisface la llamada ancestral del italiano de la era posindustrial hacia sus raíces rurales, además de ser una producción culta y sagrada. Que nace de la tierra, y solo de esa tierra, vive en la uva y se manifiesta en el hombre. Tenía razón Louis Pasteur –descubridor de la fermentación– al afirmar que «hay más filosofía en una botella de vino que en todos los libros del mundo». Estos nuevos viñeros han sentido la necesidad de obtener una definición territorial de su fatiga y han dado una inmensa contribución al vino made in Italy. Le han enseñado a ser atractivo además de bueno y a recorrer los caminos del mundo, le han dado nuevas formas y han resaltado su alma y su carácter. Pero estos hombres y mujeres de éxito, que reflejan el glamour del show biz en sus etiquetas, han recibido muchísimo del vino. Han aprendido que, a diferencia de la industria, en la viña solo reina soberana la naturaleza. Gracias a estos empresarios Italia produce vinos mejores, y gracias a estos vinos Italia tiene mejores empresarios.