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Se escribe café pero se lee expreso: el estilo italiano ha transformado en un must la bebida más consumida en el mundo. Lo interpretan 800 torrefactores: de la plantación a la taza.

El café es uno de los motores de los intercambios comerciales mundiales, tal vez la bebida más consumida en el mundo. Pero Italia lo ha hecho único con la invención del expreso y, en consecuencia, del capuchino. Nuestro país es el único en producir la «mezcla bar» que ha ofrecido una interpretación socializadora del café, aumentando su valor hedonista. Sin embargo, los italianos no son los mayores consumidores de café: ocupan el décimo lugar en el mundo y el quinto en Europa y, por ejemplo, consumen menos de la mitad que los finlandeses. Lo que hace único el gusto italiano del café es su consumo público, vinculado al bar y al expreso. Los torrefactores, unos 800 en Italia, han ido personalizado las mezclas y afinando las técnicas y los procesos de tostado, como el realizado a leña. En los últimos años han cerrado la cadena de producción estableciendo acuerdos con los cultivadores -favoreciendo la independencia de algunos productores respecto a los grandes trust- o adquiriendo las plantaciones para lograr una calidad constante y una materia prima adecuada. El estilo italiano del café ha introducido un componente cultural en su consumo y ha originado nuevas industrias y productos. Hoy casi todas las máquinas de expreso del mundo son italianas. La Moka, que toma su nombre de la ciudad yemení capital del café, se ha convertido en un objeto de diseño, expuesto en las colecciones del Moma, y la Napolitana sigue siendo un icono del sur de Italia.